El oficio de las letras (primera parte).



En el 2012 comencé la búsqueda de un agente que representara a guionistas en Los Ángeles, debido a que las cosas con mi antiguo manager ya no funcionaron. Sin saber que hacer o como comenzar la encomienda, me fui corriendo a comprar un bloque que pasa por libro con una lista completa de todos los agentes y managers del medio dispuestos a representar talento literario. Me refiero al compendio anual que saca The Writer’s Market, y que vende más de cinco millones de ejemplares cada ciclo. Seguí al pie de la letra las instrucciones: Has una carta en donde presentas tu currículum, y hazlo llegar al correo de contacto de la agencia que viene a continuación. Es el mismo procedimiento para todas las agencias, grandes y pequeñas.


Del libro saqué más de cien contactos que parecían acomodarse a mis intereses, y les escribí a TODOS una carta personalizada con mis atributos y lo que tenía que ofrecer a la industria. Para mi suerte, no fue necesario esperar la contestación de nadie pues, gracias a un buen amigo colega que me presentó a su agente, terminé bien representado en aquella industria. Y que bueno que fue así pues, de los más de cien agentes a los que les mandé el famoso Query Letter, ninguno se dignó a contestar. Ni uno solo.


Como lo mencioné, tuve la suerte de comenzar lo que hasta ahora es una buena relación de trabajo con mi nuevo agente, y la verdad es que no me puedo quejar. Me pasa trabajo de vez en vez, y cuando yo tengo algo bueno lo hace llegar a su destino (prácticamente esa es la única chamba de un agente literario de Hollywood).


Una de esas veces que me invitó a comer le pregunté sobre el proceso de selección de nuevo talento. ¿Cómo deciden a quién representar? ¿En verdad leen todos las cartas que les llegan al correo de la agencia? ¿Qué tanto les interesa recibir a alguien que llega a través de dicho libro?


La respuesta de mi agente me reveló la razón de por qué me quedé sin contestación a mis más de cien correos. “Recibo más de cincuenta cartas diarias, absolutamente todos días del año. Navidad y año nuevo incluidos. La verdad es que me es imposible leer todos los trabajos de mis clientes y además leer todas esas peticiones. Si no vienes recomendado por alguien, como lo fue en tu caso, lo más seguro es que no consigas quién te represente. A nosotros nos interesa promover a nuestro talento, no conseguir más.”


Pero, entonces, si no funciona ese libro, ¿por qué lo publican? Le pregunté, a lo que me contestó: Más de cinco millones de ejemplares al año, a veinticinco dólares cada uno, menos los gastos de imprenta y de publicidad, les quedan alrededor de algunos noventa millones de dólares. Más o menos. Es buena razón para publicar, ¿no lo crees? Que juegan con las esperanzas de la gente, si, lo hacen sin piedad. Pero la gente quiere esperanza, no resultados.


Sus palabras me hicieron todo el sentido del mundo. Lo que no me esperaba es tanta gente con el sueño de dedicarse a escribir guiones para la industria hollywoodense. Mi agente es de mediana talla, es decir, trabaja en una agencia Boutique, ni grande ni pequeña, sino todo lo contrario. ¿Cuántas cartas recibirá un agente de William Morris? Nada más de pensarlo ya me dio vértigo. Ahora, calculando que hay menos guionistas que autores literarios, solo puedo imaginar la cantidad de gente que quiere convertirse en escritor de novelas. Ha de ser 10 a 1, fácil. Tal vez más. ¿Cuál es la probabilidad de que algún agente literario decida representarlos? La misma que tienen de ganarse la lotería.


Pero, entonces ¿Qué puede hacer un aspirante a escritor para cumplir su sueño de vivir de sus escritos?


Perseguir una carrera como guionista es muy distinto a una de autor literario. Voy a dejar este artículo en suspenso, y no será hasta la siguiente semana que escriba mi opinión de cómo lograr ser participe en ambas industrias, la del cine y la de la literatura. Por ahora mi consejo es: escriban, como si su vida dependiera de ello.

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