El oficio de las letras (segunda parte).



¿Por qué escribe un escritor? ¿Cual es su motivación? A estas dos preguntas existen diferentes opiniones: Hay escritores que dicen que escriben para sus lectores. Otros, escriben para si mismos y para nadie más. En mi opinión, la verdadera razón es una combinación de ambas. Por que aunque J.K. Rowling no se canse de decir que escribe solo para ella, y no para el universo incalculable de fanáticos de Harry Potter, el hecho de que no claudicó en su lucha por ser publicada cuando apenas iniciaba en estos menesteres nos dice lo contrario. Lo cual me lleva a la siguiente pregunta:


¿Qué tan difícil es ser un autor publicado? Si la misma creadora del universo del hechicero más querido del mundo fue rechazada por un sin fin de editoriales (mismas que ahorita se siguen golpeando la cabeza contra la pared) entonces, ¿que oportunidad tiene un hijo de vecino como yo?


No existen cifras exactas, pero no sería exagerado decir que de cada diez mil escritores con un manuscrito terminado, solo uno o dos llega a ser publicado por una editorial de renombre. Si, algo así como ganarte la casa del Tec, o el Melate. La diferencia aquí es que la cosa no solo depende de la suerte, sino también de tu talento… y de tus relaciones en la industria. De hecho, yo diría que depende un poco más de lo segundo que de lo primero. Y no por que exista nepotismo o algo similar, sino por el simple hecho de que es la manera más fácil de que alguien de la industria lea tu manuscrito.


Por allá del 2013, cuando vivía en Los Ángeles, mandé el manuscrito de Alpha Gene a todos los agentes literarios de Nueva York. (A diferencia de Latinoamérica, en EUA es absolutamente necesario tener un agente literario para poder ser publicado. No hay manera si no lo tienes). No exagero, mandé más de treinta correos con el primer capítulo de mi historia, adjunto a mi currículum de guionista de Hollywood (lo cual no ayudó en lo más mínimo pues, la industria literaria ve a los guionistas como si tuviéramos lepra en las manos). Cuando vi que pasaba el tiempo y nadie me contestaba decidí hacer lo que todo buen mexicano hace cuando no hay de otra: Saltarse los protocolos. Busqué en redes sociales a los agentes literarios que tanto presumían estar interesados en historias frescas y conmovedoras, y comencé a tratar de llamar su atención a través de mensajes directos en su Twitter. Tampoco obtuve resultados. No fue hasta que me atreví a hacer lo impensable que recibí la primera señal de vida. No estoy muy orgulloso de lo que les voy a contar, pero en aquel entonces, como todo escritor desesperado porque lo publiquen, no consideré las consecuencias.


Mi raciocinio fue simple: Un agente literario se lleva un porcentaje de la venta de un manuscrito. Considerando que a los escritores noveles no les pagan mucho cuando firman la venta de su primer trabajo, calculé un promedio de cinco mil dólares por transacción. El diez o el quince por ciento de eso es para su agente. Entre quinientos y setecientos cincuenta de los verdes para su representante no es mucho, lo que me llevó a hacer la siguiente oferta (si, por twitter, carajo. Ya les dije que me arrepentí) a uno de ellos: “Te ofrezco quince mil dólares SOLO por que leas mi manuscrito. No tiene que gustarte, solo tienes que leerlo.”


Entonces me contestaron más rápido que el correcaminos huyendo del coyote, pero para nada con la respuesta que yo buscaba. Pareciera que a aquella agente le hice el peor de los insultos, además de escupirle en la cara, patearle el trasero, y jalarle los pelos… Se ofendió tanto que me lo hizo saber… Entendí que había cometido el peor de los errores, y ese fue atentar contra la dignidad de alguien que está convencido que las letras son algo absolutamente sagrado y van más allá del dinero terrenal. En resumidas cuentas, me explicó, en una serie de tuits, que lo que acababa de hacer atentaba contra todo lo que la literatura en general representa para el universo. Confieso que me hizo sentir más chico que una pulga considerada enana dentro del mundo de las pulgas.


Pero si ni quince mil dólares pueden lograr que alguien lea mi manuscrito, entonces ¿Cómo? ¿Cómo es que hay tantos libros de autores noveles que llegan hasta los estantes de las librerías bajo los sellos editoriales más importantes? ¿Cómo puede hacer un simple mortal para que alguien lea su manuscrito y decida si este es lo suficientemente bueno o no?


Hay dos formas. La primera: las relaciones. Si conoces a alguien que conoce a alguien que alguna vez platicó con un conocido amigo de la vecina del portero de un agente o editor, entonces tienes oportunidad de ser leído. Si tu manuscrito es bueno, ya la hiciste, próximamente estarás en todas las librerías del país, y tu ego se inflará más grande que un globo aerostático que vuela por entre las montañas. La segunda, y esta es la que más me gusta, es un consejo que el actor Steve Martin alguna vez le regaló al mundo: “Be so good they can’t ignore you.” — “Sé tan bueno que no puedan ignorarte.”


Con la llegada de la tecnología, el número de autores independientes se triplicó, si no es que se quintuplicó. Ahora, llegar a los lectores es posible a través de la auto publicación en Kindle o Createspace. Promover tu trabajo en las redes sociales como Facebook o Instagram te coloca, automáticamente, a un nivel donde la gente puede alcanzarte. Si le echas ganas a la portada, a la edición, y al trabajo final, tu libro llamará la atención de los lectores. Si cuando lo lean les mueves el tapete con una buena historia que tenga un súper mega twist al final, entonces lo recomendarán y hablarán maravillas de él. Cuando eso suceda, los ojos de las grandes editoriales voltearán hacia ti, y te verán más atractivo que Marlyn Monroe parada sobre la alcantarilla sosteniéndose la falda contra el ventarrón que pretende exhibirle las piernas. “Sé tan bueno que no puedan ignorarte.”


La verdad es que si eres escritor vas a escribir te publiquen o no… lo traes en la sangre y en el alma. Como vampiro recién convertido que necesita salir a chuparle la sangre a todo ser humano a su alrededor, tú necesitas escribir. Necesitas sacar lo que traes adentro, como cuando llevas cuatro horas de carretera aguantándote para ir al baño y de pronto tu papá se para en una gasolinera. Sí, así de gratificante es la cosa para nosotros los infectados por este virus incurable.


Si escribes diariamente, pronto serás lo suficientemente bueno(a) como para llamar la atención. Según Malcom Gladwell, si completas 10,000 horas escribiendo, te convertirás en un maestro de la narrativa. Para un escritor de verdad, esas 10,000 horas son inevitables, tanto como cumplir años. Es algo que va a suceder, tarde o temprano. Entre más rápido llegues ahí, más oportunidad tienes de llamar la atención con tus escritos.


Así que escribe… escribe… escribe. Lo demás llegará en su momento.

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